La flor del Ceibo

Características del árbol y la flor
Clasificado por el naturalista sueco Carl von Linneo en 1767, el ceibo americano crece en tierras húmedas y de clima cálido. Su corteza era utilizada por los aborígenes por sus cualidades medicinales, mientras que su flor fue declarada, el 28 de diciembre de 1942, Flor Nacional de la Argentina.
El ceibo (Erytrina Crista-Galli), es un árbol de la familia de las Leguminosas, conocido también como seibo, ceibo macho, zuinandí, cresta de gallo y chopo. En la Argentina se lo encuentra en las zonas más húmedas de las provincias de la región chaco pampeana.
Su altura no supera los 10 m, con ramas retorcidas, que a veces parten desde la base mostrando un aspecto arbustivo y formando una copa amplia. La corteza es marrón grisácea, muy rugosa y poco consistente. Las hojas son caducas, coriáceas, de borde enteros y forma lanceolada. Se destaca por su floración de intenso color rojo que se produce entre noviembre y abril. Las flores son carnosas, dispuestas en racimos terminales de gran belleza, razón por la cual se lo utiliza como árbol de adorno. El fruto, una vaina de color castaño, encierra semillas duras. Su madera tiene escaso valor comercial.
 
Según la tradición guaraní, el ceibo es la representación de Anahí, una princesa indígena muerta por los conquistadores. También los timbúes, aborígenes del Paraná, le atribuían al ceibo dones fantásticos: creían que colaboró con los dioses en la creación de las islas del Delta, donde se asentó la tribu.

La leyenda de la flor del ceibo
Cuenta la leyenda que en las riberas del Paraná, vivía una indiecita fea, de rasgos toscos, llamada Anahí. Era fea, pero en las tardecitas veraniegas deleitaba a toda la gente de su tribu guaraní con sus canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños… Pero llegaron los invasores, esos valientes, atrevidos y aguerridos seres de piel blanca, que arrasaron las tribus y les arrebataron las tierras, los ídolos, y su libertad.
Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, la indiecita logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó rápidamente a la selva.
El grito del moribundo carcelero, despertó a los otros españoles, que salieron en una persecución que se convirtió en cacería de la pobre Anahí, quien al rato, fue alcanzada por los conquistadores. Éstos, en venganza por la muerte del guardián, le impusieron como castigo la muerte en la hoguera. La ataron a un árbol e iniciaron el fuego, que parecía no querer alargar sus llamas hacia la doncella indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza inclinada hacia un costado. Y cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol, identificándose con la planta en un asombroso milagro.
Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento. (Tomada de la narración oral)

La canción
Con motivo de la declaració del ceibo como Flor Nacional, en la década del ’40 a pedido del Ministerio de Ecucación, Osvaldo Sosa Cordero escribió la canción Anahí.

Tarjetas telefónicas
La colección de tarjetas telefónicas la iniciamos en el año 1994, cuando encontramos por casualidad tirada al lado de un teléfono público, la que fuera una de las primeras tarjetas magnéticas.
El uso de la tarjeta telefónica se introdujo a inicios de la década del ‘90 cuando se privatizó Entel (Empresa Nacional de Telecomunicaciones) dividiendose en dos empresas: Telecom. y Telefónica. Cada una de ellas, produjo una serie de tarjetas coleccionables, al principio magnéticas y luego con microchip.
Nuestra colección la fuimos formando con las tarjetas que usábamos, otras nos las regalaban. Muchas las compramos en los viajes realizados, otras, las encontrábamos en la calle. Llegamos a juntar alrededor de 300 tarjetas.
En esta ocasión reportamos una tarjeta de Telefónica, que es la Nº 5 de la Serie E, (Ecología). Ilustra la flor del Ceibo. Por la importancia del tema tratado, esta tarjeta ha sido incluida en la clasificacion tarjetas que se realizaban como apoyo a las campañas ambientales en el país, colocando imágenes referentes al cuidado y a la protección del medio ambiente. Con el eslogan “La Naturaleza comunica” la serie incluia cinco tarjetas alusivas a flores autoctonas como el jacarandá, el lapacho, el tecoma, el ceibo y el palo borracho.
La tarjeta del Ceibo se editó en octubre de 1997 con una tirada de 100.000 tarjetas.

Continua en el próximo post con las Estampillas.

10 pensieri riguardo “La flor del Ceibo

  1. hi , I am rocio and I tell them that I like this information because it is very very but I don´t know ¿OK?

    PD:hablando en español lo que queria decirles es que esto me parece muy informador sobre nuestra flor nacional ok besitos se cuidad chau

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  2. MUY buena historiia.. pero nececito la cancion entera pera el colegio.. por favor alguien me puede decir si hay una pagina que tenga esa cancion

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  3. Hola Liza,
    Muchas gracias por visitar nuestro blog, aqui te envio la letra: Anahí

    Anahí,
    las arpas dolientes hoy lloran arpegios que son para ti.
    Anahí,
    recuerdan acaso tu inmensa bravura, reina guaraní.
    Anahí,
    indiecita fea de la voz tan dulce como el aguahí.
    Anahí, Anahí,
    tu raza no ha muerto,
    perduran tus fueros en la flor rubí.

    Defendiendo altiva su indómita tribu
    fuiste prisionera, condenada a muerte,
    ya estaba su cuerpo envuelto en la hoguera
    y en tanto las llamas lo estaban quemando
    en rojas corolas se fue transformando.
    La noche piadosa cubrió su dolor
    y el alba asombrada miró su martirio
    hecho ceibo en flor.

    Anahí,
    las arpas dolientes hoy lloran arpegios que son para ti.
    Anahí,
    recuerdan acaso tu inmensa bravura, reina guaraní.
    Anahí,
    indiecita fea de la voz tan dulce como el aguahí.
    Anahí, Anahí,
    tu raza no ha muerto,
    perduran tus fueros en la flor rubí.

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